Leishmaniosis

Sin duda, si tiene un perro, habrá oído hablar de la Leishmaniosis, una enfermedad habitual en la zona geográfica en la que vivimos.

La Leishmaniosos está causada por un parásito llamado Leishmania Infantum, que se alberga dentro del las células de la sangre. La infección le llega al perro a través de la picadura de un mosquito. Éste, cuando pica a un perro infectado de Leishmania, mantiene el parásito en su tracto digestivo sufriendo una serie de transformaciones, contagiando a otro perro cuando es picado por este mismo mosquito.

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Este parásito también puede afectar a gatos, e incluso el ser humano, aunque es más raro. Es más habitual en los perros porque su sistema inmunitario no tiene capacidad para enfrentarse a la Leishmania.

Los síntomas más habituales en un perro afectado son:

  • Pérdida de peso, anorexia, depresión…
  • Alteraciones en la piel, zonas sin pelo, caspa, úlceras.
  • Fiebre injustificada.
  • Diarreas.
  • Cojeras sin motivo que aparecen y desaparecen.
  • Aumento del tamaño de los ganglios externos.

Ante la duda, y si su perro presenta alguno de estos síntomas, es conveniente que lo lleve al veterinario para hacerle una analítica y descartar la presencia de la Leishmania.

La evolución de la enfermedad dependerá del avanzado estado en que se encuentre. Si es detectada a tiempo, con un tratamiento adecuado el perro podrá vivir durante años sin presentar ningún cuadro clínico. Sin embargo, si la infección se ha detectado más avanzada, cuando hay daño renal severo, será más difícil poder sacar adelante al animal.

Actualmente no existe ninguna vacuna efectiva contra la Leishmaniosis, pero se pueden seguir algunas indicaciones para tratar de controlarla. Una de ellas es no dejar que nuestro perro duerma en el exterior, ya que el mosquito portador prefiere picar al anochecer y al amanecer. Otra es la realización periódica, al menos cada seis meses, de una analítica sanguínea para comprobar que todo está en orden.